Una manera saludable y económica de ingerir grasas Omega-3 es incluir en la dieta habitual pescados azules: atún, caballa o verdel, sardina, arenque, boquerón o anchoa y el jurel.
Por ejemplo cien gramos de salmón fresco proporcionaban 5.175 mg de grasas EPA y DHA (los Omega-3 que protegen contra enfermedades cardiovasculares entre otras), en el bonito la aportación es de 2.326 mg y en la trucha 1.473 mg. Si se prefiere no consumir pescado azul y se necesita un aporte extra de estas grasas, se puede recurrir a los alimentos enriquecidos en Omega-3, especialmente a huevos, productos lácteos y grasa para untar y condimentos alimenticios, los que contienen mayor cantidad de estas grasas. De todos modos, pueden sustituir a sus equivalentes no enriquecidos pero no al pescado azul, fuente también de otros nutrientes esenciales de los que estos alimentos enriquecidos carecen.
El linolénico (Omega-3 de cadena corta) es imprescindible para el funcionamiento de nuestro organismo, pero sólo a los EPA y DHA (de cadena larga) se les atribuye la capacidad de prevenir o minimizar el efecto de enfermedades, entre otras las cardiovasculares. Por ello, cuando se adquieren alimentos enriquecidos con Omega-3 es fundamental cerciorarse de que contengan EPA y DHA y no sólo.
