May 09

Identificación de las posibles causas de contaminación en la siguiente lista de alimentos y cada una de sus etapas por las cuales deben pasar hasta que llegan a la mesa del consumidor.

La Leche: La ubre de la baca debe ser desbacterizada antes de extraer la leche, también se debe manipular con manos limpias. La leche debe ser homogenizada y ultra pasteurizada, de manera que se eliminen casi todas las bacterias que posea.

Las Verduras y Frutas: Al ser extraídas de árboles y campos, han estado expuestas a todo tipo de bacterias, por ello deben ser lavadas, frotarlas bien para una mejor limpieza son guardadas en cajones u otros envases para luego ser transportadas en refrigeradores de manera que no se marchiten en el caso de ser hojas como la lechuga, radicheta, etc. Y por otra parte, no deben ser sobrecargadas en ningún momento para que no se aplaste y lleguen en el mejor estado a la mesa del consumidor. Es recomendable volver a lavarlas nuevamente antes de consumirlas.

Las Carnes: Deben ser cortadas y manipuladas de manera limpia. Conservarlas en ambientes fríos para evitar la descomposición de la misma. Deben ser transportadas en igual temperatura que comentamos anteriormente y en lugar limpios y desinfectados.

Los Huevos: Es posible que en los huevos frescos puedan hallarse ciertas bacterias que suelen causar intoxicaciones alimentarías. Estas bacterias se conocen como Salmonella Enteritidis. Para evitar esta contaminación del huevo, es necesario que la gallina consuma alimentos orgánicos y desbacterizados. Por otra parte, deben habitar en lugares limpios. Otra precaución que debemos tomar los consumidores para evitar esta enfermedad es comprar huevos que posean su cáscara limpia e intacta, ya que al estar quebrajada puede ingresar por allí la bacteria.

El  Pescado: Este debe ser tratado de igual manera que la carne, ya que también debe permanecer en lugares limpios y fríos no expuestos al sol, y deben ser transportados de la misma manera hasta llegar a la mesa alimentaría.

Los Embutidos: Deben ser manipulados con manos limpias y envasados en envases plásticos e impermeables y conservados en lugares frescos y secos hasta llegar a la mesa alimentaría.
 

May 08

El consumo de maíz se inició con el descubrimiento de las Américas y llegó a cifras considerables años después, sobre todo en el Norte de España en donde no se consideró sólo como alimento para los hombres sino para los animales. De este modo, el maíz, tanto el dulce como el tradicional, ocupó un lugar importante en los regímenes alimentarios europeos junto con el trigo.

 

El maíz tradicional, como el resto de cereales, aporta también proteínas, lípidos y poca agua. No obstante, el maíz dulce es rico en hidratos de carbono, en vitaminas A, B y C, en fibra y en sales minerales como potasio, calcio y fósforo.

 
Así, por cada 100 gramos consumidos el maíz aporta al organismo 8.9 gramos de proteínas, 3.9 de grasas, 2 gramos de fibra dietética y 72.2 gramos de carbohidratos. A pesar de ser el más alto en grasa su nivel de fibra es uno de los más elevados comparado con el resto de cereales.

 

Algunos de sus beneficios para el organismo son:

  • Favorece la regeneración de tejidos.

  • Previene enfermedades cardiovasculares.

  • Retarda procesos degenerativos en general.

  • Tiene acción antiarrugas.

  • Incrementa el flujo sanguíneo.

  • Estimula la acción diurética.